En siete de cada diez hogares tucumanos hay mascotas. Esta cifra es similar en todas las grandes ciudades argentinas. Constituyen una compañía para algunos, o un estímulo y un juego para los niños, y en otros casos como guardianes de la casa o simplemente porque son amantes de los animales. El problema se genera cuando las mascotas no están bien cuidadas. Una ley provincial de tenencia responsable de animales exige a los dueños desparasitar a sus perros, tener al día el calendario de vacunas, llevar una bolsa en cada salida a los espacios públicos para recolectar las deposiciones del perro, sacarlos a pasear con correa y collar para que impedir que se desplace por todos lados y se contagie de parásitos de otros caninos.

Existe además desde hace una década una ordenanza municipal en la capital tucumana, la 4.832, sancionada en 2016, que obliga a los propietarios, tenedores o paseadores de perros que transiten por el espacio público a recoger las deposiciones de sus animales ya sea en una bolsa, con un papel o un cartón. Y quien no lo hiciera podría ser multado. También indica que debería colocarse en los paseos públicos y en las calles dispensadores de bolsas y un contenedor específico para depositar la caca de perro. Sin embargo, esta ordenanza no se aplica.

No se trata de una cuestión estética o de higiene básica, sino que esto podría causar graves problemas de salud pública, al transmitir parásitos como el Toxocara canis, entre varias otras pestes.

Los gatos que se reproducen indiscriminadamente, sin respetar la castración recomendada, representan una gran molestia en cada barrio, provocando alborotos y destrozos en horas de la madrugada, alterando el sueño y la tranquilidad de los hogares, además de ensuciar con heces y orinas muchísimas casas ajenas.

Con los perros la situación es distinta, pero no menos preocupante. Como se mencionaba anteriormente, pocos respetan las leyes que ordenan levantar las deposiciones en la vía pública. Si bien esta situación se repite en todas las ciudades de la provincia, el cuadro es más grave en la Capital, por su densidad poblacional, y en los sectores donde abundan los edificios, como los barrios Norte y Sur. Muchos vecinos que tienen mascotas en sus departamentos se ven obligados a sacarlas a pasear para que defequen y orinen. Lamentablemente son pocos los que recogen sus excrementos. La prueba está muy a la vista en las veredas de estos sectores, repletas de heces, y las plazas Urquiza y San Martín, pulmones verdes de estos barrios, donde no hay un metro cuadrado sin caca.

Al problema de los abundantes derrames cloacales que contaminan la ciudad, y que esparcen los vehículos a decenas de metros, se le suma otra importante fuente de contaminación, en gran parte producto de la desidia, la falta de educación cívica y la carencia de empatía social de muchos propietarios de mascotas.

Es un asunto que no parece tener solución, porque a simple vista está claro que crece cada año, pero que debería atenderse con la seriedad necesaria, ya que se trata de un grave riesgo para la salud pública y que, aunque parece invisible, salvo cuando se pisan las heces, es una amenaza silenciosa que ingresa a todos nuestros hogares con decenas de bacterias y parásitos.

Las autoridades deberían tomar medidas o copiar lo que hicieron exitosamente en otras ciudades, como en Mendoza, donde lograron casi erradicar esta peste urbana.